Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Veneno en aire y tierra. Por L. Martín

Colgando entre las ramas de un árbol, en el retrovisor de un coche, ondeando en las farolas… El observador atento puede encontrar muchas veces a su alrededor largos hilos transparentes, como de araña, que al contacto quedan pegados al cuerpo.

¿Qué es esta “lluvia”? ¿Por qué caen esta especie de telarañas? Y, lo más importante, ¿Qué son estos “hilos", de dónde vienen? Recogimos una pequeña cantidad para analizarla en el laboratorio.

1 avion creando nubes de evolucion2 estelas de aviones4 van tapando el azul del cieloLas estelas van tapando el sol6 evolucion diurna de las estelasAhora los cielos suelen ser blancos

Estos hilos contienen elementos radiactivos y nano partículas de síntesis; encontramos en ellos una alta concentración de bromo, azufre y de numerosos metales: aluminio, zinc, bario, titanio, níquel, entre otras sustancias, según el informe del laboratorio de la Universidad. La gran mayoría de estas substancias irritan las mucosas (pulmones, garganta, ojos), causan daño hepático y “alergias”.

Cuando nos paramos a observar de dónde caen estas “telarañas”, nos encontramos con que, casi diariamente, atraviesan nuestros cielos aviones que dejan diferentes estelas, que en lugar de desaparecer van expandiéndose hasta cubrir todo el cielo. De tal manera que ciudades como Madrid que resplandecían de sol en muchos días de otoño e invierno, ahora amanece y parece que vivimos en Londres o en el País Vasco. Con el tiempo, los que seguimos empíricamente estos fenómenos, hemos podido observar cómo han ido cambiando las maneras de alterar la atmósfera, con estas sustancias que, a su vez, alteran nuestra salud.

¿Ha comenzado la “batalla por el control del clima”? Sería una nueva clase de amenaza para la salud no sólo del ser humano sino del Planeta que habita, la Tierra, que sufre las consecuencias hasta ahora “ni imaginamos cuáles” de verse alterada en su atmósfera, en el clima… lo que acaba alterando también el clima de los seres humanos, nuestro ánimo. ¿Imaginan ustedes hasta dónde puede actuar un poder así? Si les interesa sigan leyendo sobre lo analizado y puedan comprobar su base científica.                        

¿Cómo se llevó a cabo el análisis?

Lo primero que hicimos fue mirarlas bajo el microscopio. Observamos que la “telaraña” no se adhiere a un porta-objetos de vidrio estéril, pero sí a la madera y a otros objetos “ensuciados” con materia orgánica. Una vez bajo el microscopio, vimos que las fibrillas individuales pueden separarse de una en una, como si no se pegaran unas a otras (algo que la seda de araña sí hace). Sorprendentemente observamos hilos metálicos entre las fibras. Todo esto indica que muy probablemente no se trata de una tela de araña (o de cualquier otro insecto) sino de una sustancia artificial.

Confirmamos que no es una sustancia natural realizando un análisis de las fibras mediante Fluorescencia de Rayos X en el Servicio Interdepartamental de Investigación (SIdI) de la Universidad Autónoma de Madrid. También analizamos un trozo de cristal enredado en ellas. Esta técnica permite conocer de qué elementos químicos están compuestas las sustancias bajo análisis, así como la concentración (relativa a un elemento de referencia) en la que aparecen.

El análisis del trozo de cristal revela que es un grano de arena normal y corriente, sin ningún elemento extraño, mientras que el de las fibras muestra la presencia, entre otros, de elementos radiactivos (uranio y torio) y de varios elementos de las denominadas Tierras Raras (neodimio, praseodimio, cerio y lantano), que junto con el rubidio y el ytrio son profusamente utilizados en la actualidad para la fabricación de nano-partículas (la presencia de este elemento tierra rara es la que confiere especificidad a las nano-partículas, puesto que cada uno responde a una energía/frecuencia diferente). También destaca la elevada concentración de bromo, azufre y de numerosos metales (aluminio, zinc, bario, titanio, níquel…)

La elevada concentración de estos elementos químicos tiene efectos negativos en la salud de los seres vivos. La gran mayoría de estos elementos irritan las mucosas, causan daño hepático y “alergias”. Si no respiramos correctamente desconectamos de nuestras sensaciones físicas y las bloqueamos. La saturación de dos de los filtros con los que nuestro organismo elimina las toxinas dificulta la depuración de nuestra sangre: se ralentizan nuestras reacciones, nos adormilamos, no tenemos ánimo “para nada”. Y además de esto…

- El torio puede causar cáncer de huesos y cambiar el material genético.

- El uranio es altamente toxico incluso en pequeñas cantidades y puede afectar a cerebro, hígado, corazón, riñones y órganos reproductores.

- Concentraciones significativas de aluminio pueden causar daño al sistema nervioso central, demencia, pérdida de la memoria, apatía, temblores severos.

- Pequeñas cantidades de bario soluble en agua pueden causar dificultad al respirar, incremento de la presión sanguínea, arritmia, dolor de estómago, debilidad en los músculos, cambios en los reflejos nerviosos, inflamación del cerebro y el hígado.

- El exceso de zinc se ha asociado con bajos niveles de cobre, alteraciones en la función del hierro (directamente implicado en la respiración), disminución de la función inmunológica y de los niveles del colesterol bueno, vómitos, diarrea, daño renal y depresión mental.

- Los vapores de bromo irritan ojos y garganta. Algunos de sus compuestos se han usado en el tratamiento de la epilepsia y como sedantes. Algunos contaminantes orgánicos que contienen bromuros ocasionan disfunciones del sistema nervioso y alteraciones del material genético.

- La sobreexposición al polvo de titanio puede ocasionar dolor en el pecho, tos o dificultad para respirar. En contacto con la piel o los ojos puede generar irritación.

- El rubidio reacciona rápidamente con la humedad de la piel para formar hidróxido de rubidio, el cual provoca quemaduras térmicas en ojos y piel, problemas para ganar peso, ataxia, hiper-irritación y nerviosismo extremo.

hilos 1Todo esto traen estas fibras que caen del cielo y que no solo contaminan el aire que respiramos. También envenenan la tierra, los ríos, las plantas… Tiempo atrás el miedo alimentaba mi sensación de impotencia y mi incredulidad, me decía “¡esto no puede ser verdad!” y siempre encontraba algún argumento para convencerme a mí misma de que lo que está pasando no podía ser.

Y un día el velo cayó (y yo con él). Ahora no quiero seguir mirando para otro lado, fomentando así la mentira colectiva de que no pasa nada. Está pasando, y es grave.

Estos resultados científicos vinieron después, y confirman lo que ya había ido intuyendo estos últimos años, mientras despertaba mi conciencia: no estamos tan enfermos como nos quieren hacer creer. Si toso y me pica la garganta, si estoy desanimada y baja de fuerzas, o si estoy que me subo por las paredes y todo me molesta, sea lo que sea que me pasa, en cada momento puedo rescatar la parte genuinamente mía de lo que siento después de tener en cuenta este agente externo que potencia la enfermedad, la desconexión, el aborregamiento, la agresividad… Y cada día lo tengo más en cuenta a la hora de estar con otras personas, ya que ellas respiran el mismo aire que yo.


Lola Martín. - Investigadora de la Facultad de Física de la Universidad Autónoma de Madrid

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