Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Resistencia en terapia Caso práctico. Por Charo Porras

Resistencia en terapia

Caso práctico

Artículo dirigido a estudiantes de psicoterapia.

I

Empecé a estudiar terapia psicocorporal con una actitud que se resume en:

                  “Yo estoy bien, los demás están mal”.

Como quería aparentar estar sana, no podía reconocer el dolor real que me producía la terapia que recibía dentro de los estudios, que eran vivenciales.

No dije:

Dios mío, ¿dónde me he metido?

¿Qué es esta respiración bioenergética y qué hacen mis compañeros gritando?, ¿qué pensarán los terapeutas de los gritan? ¿Qué pasará si me entrego como dicen a esta respiración?

Lo intenté y empecé a contorsionarme haciendo el “arco histérico”, tumbada bocarriba arqueaba la espalda, mis caderas se despegaban del suelo, y entonces pensé: “qué bien lo hago, qué bien me entrego, esto es la entrega”.

Cuando llegó la devolución, mi terapeuta me dijo que había estado evitando el contacto con la tierra, que mi espalda se arqueaba evitando sentir la respiración profunda y por eso me contorsionaba. Así era. A pesar de su acierto y de la amabilidad de su actitud, me sentí profundamente humillada y perdida ante sus palabras, las recibí como un ataque, aunque no dije nada.

Tampoco dije:

Tengo muchísimo miedo al grupo. A veces siento auténtico pánico al sentirme expuesta.

Los terapeutas también me dan miedo. Me siento tensa, alerta, para detectar qué quieren de mí y hacerlo inmediatamente y lo mejor posible.

Siento una tensión extraordinaria por el esfuerzo de aparentar mi imagen de persona sana y superior, y hacerlo compatible con una mínima entrega al proceso de la terapia.

Ahora me asombra cuánto miedo sentía de abrirme a todos y sincerarme, de que mis mentiras fueran descubiertas, aunque intuía que algo muy grave sucedía en lo más verdadero de mi ser. Por eso tenía tanto interés en estudiar la neurosis, necesitaba encontrar una etiqueta teórica a la que aferrarme. Cuando la explicaron en teoría y práctica, la conversación figurada vino a ser ésta:

                  YO: - ¿Qué es neurosis?

                  LA VIDA: - ¿Y tú me lo preguntas?

Me tranquilicé: Lo que me pasa viene en los libros de psicología, es normal, yo no tengo la culpa (responsabilidad) de nada.

II

No dije:

La bioenergética es atractiva y tiene buena fama. Promete recuperar las emociones perdidas, eso me gusta, pero me da mucho miedo porque habla de romper una coraza que en el fondo yo quiero después de tantos años. Yo temo mucho, mucho, quedarme desnuda, en la emoción pelada y temo que la Bioenergética me lleve a eso.

Mi actitud era muy crítica respecto al contenido de la formación y a los propios terapeutas. Yo estaba muy atenta, juzgando todo el tiempo. Quería encontrar defectos en ellos para ponerme a salvo: Estoy tan cuerda, que estoy más cuerda que los propios terapeutas. Esta actitud puede llamarse: Resistencia.

La información que nos daban tendía a parecerme poca o “fácil”. Y ahora que repaso lo que aprendía entonces, me choca que me pareciera así.

No dije:

La cantidad de información que me dan en este curso es abrumadora, me es IMPOSIBLE asimilarla.

Me están dando la información que un buen terapeuta debería tener, siendo apenas una paciente. Y a la formación técnica, se suma toda la información emocional que brota de mí. Y, luego, mi enfermedad que consiste en deformar y dramatizar lo que veo y lo que siento.

Qué mal lo paso, cómo me jode sentirme ignorante. Qué humillada me siento cuando me enseñan cosas tan elementales que no sé.

Cómo me jode ver y sentir lo mal que estoy, me fastidia tanto que no pienso reconocerlo.

Cuando mi terapeuta habla de la respiración, me gustaría poder decirle “eso ya lo sé y lo practico”, pero no puedo y pongo cara de suficiencia para ocultar hacia afuera mi ignorancia, y así me lo oculto hacia dentro, me engaño y me alejo del contacto con mi necesidad, con mi realidad.

Mi forma de no asimilar los contenidos por pelearme con ellos y con quienes me los transmitían refleja mi Resistencia.

III

Olvido.

Una forma de resistencia indolora, pura y dura es el olvido. De taller en taller olvidaba hablar de mi desazón, ansiedad, descontrol, al descubrir que “lo correcto” en el contexto de la terapia era abrirse al grupo y manifestar las emociones reales.

No dije:

Dios mío, me voy a volver loca de remate. Lo que se valora aquí es lo que para mí es “mala imagen”: llorar, gritar, tirarse pedos emocionales, qué horror… ¿Cómo caso eso con mi imagen ideal: “mujer ecuánime y equilibrada, siempre positiva”?

Estar en estos talleres me supone un esfuerzo enorme.

Tanto esfuerzo, para morirse…, venía a decir mi terapeuta con su actitud y su enseñanza, y me descolocaba tanto que la odiaba, aunque era incapaz de reconocer este sentimiento hacia nadie. No podía admitir que sentía celos y envidia de ella. Mi energía estaba puesta en racionalizar y paliar los golpes que recibía mi ego, y secundariamente en contactar de verdad con la emoción.

IV

Tuvimos un taller sobre pareja interna y polaridad.

En general, yo no podía reconocer ninguna polaridad en mí, ni admitir que yo tuviera una sombra. No podía admitir ninguna teoría que me llevara a aceptar mi imperfección y mi “normalidad”. De hecho, la idea de la polaridad me llevó a convencerme de que yo era un ser extraordinario, sin sombra, sin conflicto.

Mi imagen del hombre-predador me permitía mantener una lucha contra “ellos” y alejar de mi conciencia mis cualidades masculinas: competitividad, agresividad, autosuficiencia. Rechazaba lo masculino en mí como un insulto.

Buscaba continuamente parapetos y remiendos para mi ego, porque a cada instante aparecía una idea o un comentario que lo atacaba. Las teorías más sencillas podían convertirse en un ataque. Por ejemplo, la idea de reforzar la parte inferior del cuerpo en terapia, para ofrecer autoapoyo al paciente, me convertía de inmediato en una paciente escindida que requería de ayuda (a la vista de la debilidad de mis piernas) y esto me ofendía. O, por ejemplo, la idea de no saber estar en contacto con lo propio y aceptar lo que hay, llegaba a mí como una acusación.

Me costaba aceptar frases como “lo habitual es poner fuera lo que pasa adentro”, que en sí mismas agredían a mi ego.

A pesar de todo el malestar interno que me provocaba la formación, yo sonreía, como si no me doliera nada y lo encajara todo. Ahora observo que esto era muestra evidente de mi Resistencia.

V

No dije:

El Taoísmo y los cinco elementos me suenan a chino. Las asociaciones de órganos-elementos-colores… me parecen arbitrarias. Para mi racionalidad (occidental, masculina, dominante) es una teoría lejana y poética. Y entonces, ¿dónde coloco a mi terapeuta que parece creerse de verdad todo esto?

Cuando hacíamos ejercicios taoístas, en mi mente se producía un ruido parecido al de un grupo de caballeros abucheando una teoría contraria.

No decía:

Me siento ridícula haciendo estos ejercicios tan simples, con estos nombres tan poco serios. Me parece arbitrario y excéntrico hacer un número exacto de círculos en el abdomen.

Los beneficios que describe mi terapeuta me parecen igual de surrealistas, “regulariza la energía de todos los meridianos, permite que la energía fluya”…. Por lo menos el Yoga habla de beneficios anatómicos, pero esto de la Energía y los Marcianos, que diga, Meridianos...

Se puso de manifiesto mi dificultad para aceptar visiones distintas a la mía (tolerancia) y pautas que no comprendo (fe, confianza) y para simplemente aceptar normas (respeto). Se puso de manifiesto mi dificultad, pero yo no la vi, sólo sentí incomodidad.

Yo no tenía perspectiva ni conocimiento de mis propias creencias básicas, tales como “lo complejo es mejor”.

Mi actitud de recelo ante lo desconocido, lo de “los otros”, era un efecto secundario de rechazar mi sombra y cargarla en ellos.

VI

No dije:

Para mí lo valioso es ser racional, científica, mental, creer en el todopoder del hombre y su inteligencia, creer en la palabra y la elocuencia. Las ideas del Zen son un atentado contra mi estructura:

                           “En la conciencia no hay lenguaje”

                 

Creo en la medicina convencional y me ha costado mucho creer que la homeopatía pueda funcionar. ¿Cómo voy a asimilar que el metal, el agua, la madera… tienen un paralelo real dentro de mi cuerpo, que todo lo que está fuera, también está dentro, que “como es arriba, así es abajo”?

VII

La toma de conciencia de la fragilidad de la parte inferior de mi cuerpo y la debilidad de mi contacto con la tierra, me producían rechazo, como si se tratara de un defecto que yo prefería ignorar.

No dije:

Mi cuerpo es gilipollas, no me obedece. Lo vivo como un estigma delator ante los terapeutas de mis verdades más ocultas. El hecho de que los terapeutas puedan saber de mí más de lo que yo misma sé me produce mucha tensión. Aunque, en realidad, ni siquiera reconozco esta tensión, sólo siento una incomodidad difusa.

El estado rígido de mi cuerpo y mi respiración corta, dan una idea de mi dificultad para conectar realmente con las emociones y mi incapacidad para mostrarlas. No quiero decir que no sintiera, sino que era un sentir el contacto a través de muchas capas de tela y cuero sobre la piel: “¿si cierro los ojos, qué será aquello que me está tocando, una pluma o un cuchillo?”: esto es un perder la brújula del sentir.

VIII

Yo carecía por completo de contacto con mi resistencia, porque yo era pura Resistencia: Inconsciencia. No me hacía cargo de mis necesidades, ni veía lo que actuaba en mí: por ejemplo, mi negación de mi necesidad de terapia. O mis creencias tragadas sin discriminar como, “No es bueno necesitar ayuda. Hay que estar siempre bien. Cómo estarás si tienes que ir a terapia…”. O la proyección de mi necesidad, “Mi marido necesita terapia. Mi hijo debería ira a terapia. Qué bien le vendría a mi madre hacer terapia”.

¿Y qué pasa cuando una paciente como yo no avanza a causa de su resistencia? Dice, “No avanzo, claro, es que esta terapia no es buena”. ¿Y, si además de eso siente envidia de su terapeuta? Dice, “Claro es que mi terapeuta no es tan buena como creía”. ¿Y si compite con su terapeuta? Dice sin saberlo, “No vas a conseguir que avance ni cambie”. Y pregunta: Pero, ¿cuánto dura esto de la terapia?

Extracto de la tesina Terapia y Vanidad. Aquí y Ahora.

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