Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Manos de vida

 Cuentos de mi proceso terapéutico

img manos de vida

Érase una vez una niña india con ojos brillantes como una hoguera, llenos del fuego de la vida. A los pocos meses de nacer, se quedó huérfana, pero el Espíritu la cuidaba y pronto una tribu la encontró. La niña fue acogida y cuidada por la tribu y para ella todos eran su familia. 

Era conocida como Manos de Vida, porque con sus manos era capaz de devolver el amor a los corazones fríos y de sanar cualquier herida del cuerpo y del alma. Era capaz de volverse uno con el otro, sentir su dolor y sanarlo. 

Una noche tuvo una pesadilla que le asustó mucho. A la mañana siguiente, mientras iba al río a beber agua, tropezó y cayó con tan mala suerte que se rompió la mano izquierda. Cuando intentó curarla se dio cuenta de que no podía. La energía no fluía por su cuerpo como antes. Esto la asustó y preocupada fue a hablar con el chamán más anciano y sabio de la tribu. Este le dijo: "Veo que has perdido el don que te permitía sanar: tu amor incondicional y desinteresado. Por alguna razón un miedo viejo ha contaminado tu alma, tus ojos ya no brillan como antes, tus manos están frías, has de buscar al Espíritu y hablar con Él. Yo no puedo acompañarte, es un viaje que debes hacer sola, pero te daré este collar que te recordará tu camino en la profundidad y espesura del bosque."

Así pues, la niña se adentró sola en el Gran Bosque en busca del Espíritu. Lo encontró en un enorme y viejo árbol que le dio la bienvenida diciendo: "Te esperaba". Ella le contó su problema y el Árbol-Espíritu le dijo: "Solo hay un ser capaz de curarte la mano: el ser que asesinó a tu madre. Pero para ello primero has de encontrarlo y perdonarlo. Así tú sanarás su herida y él sanará la tuya. Hasta ahora tú has podido curar porque en tu corazón había amor por todos los seres que te amaban a ti, pero ahora tienes una nueva tarea: aprender a amar también a los seres que te han hecho daño, o que tú crees que te han hecho daño."
Manos de Vida se quedó de piedra y en un principio le tentó la idea de volver a su tribu sin haber cumplido su misión, seguro que había algún otro trabajo para ella... pero de repente sintió el peso del collar que le había dado el chamán en su cuello, y se dio cuenta de que no podía huir, venció sus resistencias y se sentó a meditar buscando en su memoria un recuerdo, uno solo... Le costó mucho trabajo porque estaba muy enterrado en el fondo de su mente pero al fin lo consiguió. Era el recuerdo de la noche de la muerte de su madre, la pesadilla que había tenido antes de romperse la mano y que le había impactado tanto.

Tras unos minutos que le parecieron eternos abrió los ojos y se puso en camino, sabiendo exactamente cuál era su destino. A la mañana siguiente llegó a la cueva de una loba. La llamó y esta acudió. Estaba vieja y cojeaba, pero en seguida reconoció a Manos de Vida. Las dos se miraron largamente y una especie de hielo se derritió en los ojos de la niña, haciéndola llorar. Las dos criaturas se abrazaron y al tocarse sintieron el calor del amor que sanó las heridas de sus cuerpos y de sus almas. Se dijeron mil cosas con ese abrazo.. La niña entendió que su madre había servido de alimento a las crías del animal, la loba entendió el dolor de la niña. Se pidieron perdón y se perdonaron. Después, cada una volvió a su lugar y siguió con su vida.

Manos de Vida pudo volver a sanar porque por fin sanó la herida de su pasado, por fin se enfrentó a sus miedos, por fin se sanó a ella misma.

Dibujo: Adela Rodríguez
Texto: Paula Rodríguez

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