Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

El Arca

Cuentos de mi proceso terapéutico

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 Érase una vez un mundo de muerte y tinieblas. De almas gritando y miradas vacías. Un mundo de engaños, mentiras, vicios y crueldad. Pero incluso en el rincón más oscuro, había algo de luz. Se podía ver en el Sol, en las flores y en los pájaros.

Un día, un rayo de Sol cayó en la Tierra, y nació una niña. Su alma era la Luz en la oscuridad, y sus ojos la esperanza del mundo.La niña creció y vio la locura del mundo, y se preguntó: "¿cuál es mi misión, cuál es la misión de la luz entre tanta oscuridad?"


Quiso contar lo que veía, quiso hablar con las personas, ayudar a sus corazones fríos y rotos, mirarles de verdad. Después de unos años, reunió un grupo de personas que querían ver la verdad, ver lo que esa mujer nacida de la luz les decía. Esta es la historia de este grupo.

En un principio, ninguno era muy consciente de lo que hacían, ni de la luz que tenía la Hija del Sol. Sólo sabían que habían sentido una llamada y habían acudido. Sabían que no podían seguir viviendo así, suicidándose a cada paso que daban. Sabían que, cuando se reunían, pasaba algo diferente, cuando se reunían estaban vivos.

Pasaron años de llantos y risas, años en los que se fueron encontrando a sí mismos, en los que cada uno fue entregando los rincones más polvorientos de su alma. Así empezaron a construir un Arca, como el Arca de Noé. Todavía no lo sabían, pero eso era lo que estaban haciendo. Con cada palabra de amor, con cada paso que daban juntos.

No era una tarea fácil, ya que los monstruos que cada uno llevaba dentro y el gran monstruo del mundo no estaban por la labor.

Iban poco a poco, pero iban avanzando. La Hija del Sol era el faro de esa travesía, era quien marcaba la dirección, era la que más trabajaba.

El grupo iba cambiando. Algunas personas se fueron y otras nuevas llegaron, y cada uno contribuía a su manera en el trabajo.

Pero después de unos años, el Diluvio Universal comenzó. El cielo se cubrió de unas nubes inquietantes y el Sol no volvió a salir. Llovía una lluvia venenosa, en verano y en invierno. La gente del grupo no había terminado el Arca. Habían trabajado mucho, pero no lo suficiente. Cada uno debía poner una última pieza, la última pero la más importante y la más difícil. Era la pieza que había entregado desde el principio la Hija del Sol. Cada uno debía soltar su mayor atadura con el mundo para poder ser libre y zarpar. No había sitio en el Arca para los vicios de todos. No había más tiempo. Tenían que decidir. Ese momento era muy duro, mucha gente se fue del grupo para no volver, y otros se fueron y volvieron. El tiempo apremiaba, y las cosas estaban claras para todos. Cada uno conocía esa última pieza que debía entregar. Todos y cada uno lo sabían.

"HA LLEGADO EL MOMENTO", gritan los cielos.

'Entonces Jehovah dijo a Noé: "Entra en el arca tú, y toda tu familia."'

Dibujo: Nadinne Foret 
Texto: Paula Rodríguez