Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

La Voz de la Tierra

Cuentos de mi proceso terapeútico

IMG 4216En las noches más oscuras, nos reuníamos alrededor de un fuego y cantábamos canciones antiguas de la Tierra y del Mar. Narrábamos historias, antiguas como la Luna y sabias como el Universo.

 

Una de estas noches, una voz hablaba, contando la historia que les transportó a todos a través del tiempo, a su hogar: La tierra de los indios.

En su tierra los seres humanos eran divinos, porque no se creían superiores a otras razas. Eran amigos de las plantas, que se sacrificaban siempre, porque nunca morían, eran eternas observadoras, capaces de sanar cualquier daño y conocedoras de todos los secretos. Su sabiduría nunca muere, aunque se extinga la última brizna de hierba, porque es la sabiduría de todo y de la Madre. Las plantas les contaron esta historia:

En los tiempos de los grandes bosques, de la Madre y del Universo, de los Indios, cuando la tierra era Tierra y el cielo, Cielo; vinieron al lugar unas épocas de sequía. Los primeros años se sobrevivió como se pudo. Los indios rezaban mucho al cielo y nosotras, las plantas, observábamos. Ellos muchas veces venían, preguntaban a la Madre por qué, ¿por qué pasaba esto?¿Por qué se morían de sed? ¿Por qué los seres sufrían...? Madre decía: "Vosotros no podéis entender, porque sois de carne". Aunque le daba pena, porque la Madre ama a sus hijos. Por las noches pensaba y reflexionaba, preguntaba a la luna y a las estrellas: "¿Por qué los humanos son así, por qué quieren saberlo todo? Les hacía tan desdichados... ¿Por qué no podían ser felices con lo que tenían como los demás animales?" Las estrellas siempre respondían, aunque la Madre ya sabía las respuestas: "Señora, ellos no son animales, sino ángeles imperfectos, con demasiadas pasiones para volar. Tú pusiste cuerpo, y nosotros alma."

Madre sentía pena, sabía que el Universo era tan grande que no se preocupaba por ellos, sabía tantas cosas que no se podían explicar... De nada servía que se apegaran a sus cuerpos, a sus cortas vidas de humanos, todo era mucho más grande, una vida es muy poco, muy poco tiempo... Aunque a la vez, es todo el necesario, porque algunos en una vida aprendían a volar.

Les observaba continuamente, en silencio. Hasta que un día el llanto de una india la conmovió más que los anteriores. El llanto de quien había perdido a su hijo. Fue silencioso, pero ¿cómo podía caber tanto dolor en un cuerpo tan pequeño? La mujer la hablaba de su tribu, de la pobreza y del hambre, de las muertes... y la Madre sentía mucha compasión, pues era madre también. Le conmovió tanto el amor de la mujer, que le dijo el Secreto. Le reveló el Nombre que haría que todos sus deseos se hicieran realidad, le dio el tesoro más preciado de todos, le entregó todo lo que tenía, y le hizo jurar con sangre que lo usaría con sabiduría, y no se lo diría a nadie más que a los de su tribu, porque tenían un gran corazón.

Madre era consciente de lo que había hecho, de que le había concedido el poder más grande a un cuerpo, a un alma impura. Con ojos mudos observó cómo los deseos de los indios se hacían realidad uno por uno, sabiendo que le esperaba un castigo.

El Universo ama profundamente a Madre y con ella ha dado vida a todas las cosas. En realidad son uno solo, pero con dos polaridades. El Universo no pudo hacer nada, porque sabía que esto tenía que pasar, pero castigó a Madre quitándole la voz. Ya nunca más hablaría con palabras, tendría que limitarse a observar muda como su error destruía toda la creación, y un poco antes del fin, el don del habla volvería a ella, para que pudiera gritar más que nunca, despertando las pesadillas olvidadas por el tiempo. Porque el hombre era todavía demasiado imperfecto y lo destruiría todo.

Dibujo: Adela Rodríguez
Texto: Paula Rodríguez

Está aquí: Inicio - CUENTOS, CUADROS Y CANTOS - CUENTOS - La Voz de la Tierra