Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Vivencia de una alumna - Isabel García

Llegué a terapia en el año 2006. Llegué a terapia buscando ayuda, pidiendo a gritos que alguien me devolviera mi vida. Y gracias a una amiga conocí a Itziar Torrecilla, que entonces se convirtió en mi terapeuta y ahora también mi guía y maestra y a José Carlos Alvero que junto con Itziar fueron nuestros terapeutas de pareja.

Buscaba ayuda porque mi pareja había decidido separarse y a mí, que no había detectado señales previas (no había querido verlas porque la realidad es que eran evidentes), me pilló de sorpresa.

En ese momento me sentí caer en picado viendo como la realidad que yo me contaba se desmoronaba y me presentaba una bien distinta. Susto, angustia, sensación de abandono y soledad, mi estima también cayó en picado. Sentí que no sería capaz de dar un paso más. Me sentí morir y fue por llegar a este punto que me decidí a dar el paso de comenzar con la terapia. Confieso que tenía mucha resistencia, siempre me había considerado una persona “fuerte” y que sola podría salir adelante, que no necesitaba ayuda, creía “que podía con todo”. Pero esta vez no podía seguir adelante, la decisión de la separación y de ver que lo que creía que estaba en su sitio se descolocaba, hicieron que entrara en pánico y la ansiedad se apoderó de mí, no podía pensar en otra cosa, no podía hacerme la fuerte, la sensación de abandono pesaba mucho y luego estaba aquella sensación de irrealidad (¿Aquello de verdad estaba pasando?). No podía, no tenía fuerzas, ya no me importaba nada, ni mi trabajo, ni mi hijo, ni mi vida, sólo quería recuperar a mi pareja y que como por arte de magia alguien diera un toque con su barita y me devolviera a esa sensación de seguridad.

La vida que quería recuperar, era una vida de “tener” (éxito profesional, una pareja, un hijo pequeño, una familia “feliz”, amigos, viajes, casa, ahorros...), con el tiempo descubriría que ya no quería esa vida, que no quería “tener”, que quería “vivir”.

Comencé la terapia individual y muy poco después comenzamos terapia de pareja. Cuando llegué a terapia llevaba una vida volcada en mi trabajo, salía de casa a las 08:00 y regresaba a las 21:00 ó 22:00. Apenas veía a mi pareja y era él el que cuidaba de la casa, de mi hijo y de mí cuando llegaba hecha un trapo roto y me tumbaba en el sofá a ver la televisión para así desconectar del stress y la presión en el trabajo. Pero esta realidad de muerte la disfrazaba de éxito social y presentaba a los demás y a mi misma la vida que “tenía”, presentaba los logros (éxito, casa, viajes, ….) y ocultaba a los demás y a mí misma, la realidad: la cárcel. Una cárcel que yo había construido, barrote a barrote, yo había entrado en ella, yo había cerrado con llave y después la había tirado, pero no me quedé aquí, una vez dentro seguí acorralándome y la celda se fue haciendo cada vez más pequeña. La terapia individual y de pareja me ayudó a darme cuenta de la cárcel y de cómo esta me limitaba y afectaba a mi relación de pareja y por extensión a mis relaciones con otras personas.

No vivía la vida, solo hacia cosas para “poseer” cosas y personas y así poder contar y contarme que “tenía” una buena vida. Cuando me pongo en contacto con ese momento, recuerdo lo perdida que estaba y la cantidad de energía que tenía que emplear para ir a trabajar y colocarme el disfraz de “lo tengo todo controlado y puedo con todo”, un disfraz para aparentar entusiasmo y seguridad. Muy "positiva".

La terapia al principio me dio las fuerzas que yo necesitaba para seguir viviendo, ayudó a que mi pareja dejará abierta la puerta del reencuentro, para luego llevarnos a ambos hacia un lugar diferente, nuevo, hacia un espacio en el que dos personas se re-encuentran y comparten con más verdad su vida. Y llegamos a ese lugar de renacimiento de la relación gracias a la terapia de pareja y a la individual. Los pasos que al principio di con el único objetivo de recuperar a mi pareja, se convirtieron en pasos que daba hacia el encuentro de mí, para desde ahí poder ir al encuentro de mi pareja. Hubo momentos duros y momentos mágicos, como la vida misma.

Nuestra relación de pareja se asentó, habíamos dado los primeros pasos para vernos y compartir con más verdad y menos interés. Continué con la terapia y comencé a asistir a grupos semanales para el desarrollo de la conciencia, el motivo ya no era recuperar “mi vida anterior”, ahora lo que quería era seguir dando pasos en el camino del autoconocimiento, quería crecer, estaba despertando. El trabajo grupal también me ayudaba a conocerme, gracias a lo que se compartía y a lo que veía en los otros que luego reconocía dentro de mí. Comenzaba a ver la vida diferente, a reconocer el teatro y los personajes que interpretaba, comenzaba a ver mi sombra y mis "demonios".

El siguiente paso fue entrar en la formación de terapeutas, no con el objetivo de ser terapeuta sino con el objetivo de seguir caminando hacia dentro, seguir descubriendo las trampas que me hacía, que me encarcelaban y no me dejaban vivir con libertad. La terapia, los grupos y la formación me ayudaban a darme cuenta de la cantidad de capas que me rodeaban y me alejaban de mí. Había estado tantos años actuando y viviendo para-por los otros que no sabía realmente lo que yo quería, cuál era el sentido de mi vida, mi anhelo. Y en realidad sí lo sabía, sólo que no era capaz de escucharlo, porque lo había relegado a un rincón remoto dentro de mí. He vivido años alimentando mi sombra y mis demonios y sin embargo me contaba que mi vida no era así, que vivía en un prado, rodeada de flores y pájaros cantando. He vivido años buscando fuera “cosas” (comida, viajes, experiencias, planes, éxitos) para tapar un vacío que no se llena con nada de fuera.

Hasta aquí el resumen sería, llamo a la puerta de la terapia pidiendo Socorro, mi vida hace aguas y necesito que alguien me ayude a recuperarla. Gracias a Itziar y a José Carlos recupero la relación con mi pareja y gracias a Itziar que me acompaña voy dándome cuenta de todo el lastre de guiones, juegos, trampas y pasiones que me encarcelan, me acompaña en el darme cuenta de mi madeja enmarañada y en los pasos para deshacer los nudos. Deshaciendo nudos dejo por el camino la adicción al tabaco (después de haber estado fumando durante casi 20 años), la adicción al trabajo (horas y horas a la búsqueda de reconocimiento y éxito profesional) y aligero cargas de juicio, envidia, victimismo, orgullo, …

Terminada la formación, comencé una nueva, una formación que me sigue acercando a mí y a los otros, camino por nuevos senderos. En este caminar la Escuela me ha dado la oportunidad de trabajar como terapeuta y poder entregar al paciente aquello que he aprendido desde la vivencia, desde los pasos dados para poder acompañar a que cada uno encuentre la salida de su cárcel, de su armadura y caminar más ligero.

Doy las gracias a mi maestra Itziar Torrecilla por haber creado un espacio de verdad, entrega y confianza en el que tanto yo como mis compañeros de formación vamos dejamos caer personajes para sentir que lo genuino pide paso. En esta Escuela lo que comparto siento que lo hago desde la libertad de poder expresarme sin filtros, sin sentirme juzgada, siendo aceptada por lo que soy-vivo-entrego-acierto-me equivoco, en cada uno de los momentos compartidos. Cada uno llevamos un ángel y un demonio dentro, lo que importa es a quien decidimos alimentar, pero para tomar la decisión primero es necesario reconocerlos,no dejarse engañar por las pasiones y autoengaños.También he vivido momentos junto a Itziar de sentirme llena y en paz simplemente respirando, simplemente estando y esto es posible por estar junto a una persona que entrega su vida a la Verdad, al Amor y al Servicio.

Para mí la terapia, la formación, la meditación y la práctica del chickung en esta Escuela, se han convertido en algo que va más allá de la búsqueda de uno mismo, en estos últimos años siento que una llama ha despertado dentro de mí, son latidos de vida en un camino al reencuentro con Dios, un Dios que vive en todo y en todos, que no es exclusivo de ninguna religión, que está en todo lo animado e inanimado.

Este está siendo mi camino, los primeros pasos dados desde un grito de ayuda de una persona que está a la deriva, los siguientes avanzando por un camino de crecimiento y autoconocimiento y el actual que continúa deshaciendo nudos de la madeja pero va más allá, por un camino de vuelta a casa, un camino de respuesta a un alma que se alegra cuando escucha los versos del Tao, las palabras de textos de los libros sagrados del cristianismo, budismo, hinduismo, sufismo,…

Gracias Itziar por todo lo que me has dado, por tu Amor por todo y por todos, por enseñarme a Vivir de-con Verdad, y por mostrarme el camino de vuelta a casa.

Isabel García

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