Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Quiero vivir Aquí y Ahora - Isabel Vega

Había tomado una decisión importante en mi vida: “viviré en Nepal un tiempo”, necesito encontrarme, nadie me entiende, estoy en otro dial. Había ido al psicólogo, hecho biodanza y probado otras técnicas pero no me llegaban adentro (son con la lluvia que cala pero no moja) y lo más parecido a este sentimiento que busco lo encontré allí. Ya tenía la ONG, aprendería algo de su idioma y cultura durante un mes para luego vivir en una aldea durante once meses trabajando con ellos. Era la única opción que se me ocurría para dar sentido a mi vida.

Mientras esperaba que llegara este momento, tan solo dejaba pasar el tiempo...

Tengo una amiga con la cual he compartido momentos de angustia, tristeza, incomprensión… y ella había empezado a ir a una escuela. No me había contado mucho sobre lo que allí hacía pero en mi amiga había algo diferente, sólo había que verla.

Pensar sobre ello fue lo que me animó a llamar a la puerta de la escuela Aquí y Ahora. En esos momentos faltaban siete meses para mi partida y me sentía bien. No quería más pruebas fallidas, la decisión estaba tomada. Quizás pudiera ir más centrada, sería solo un tiempo…  no confiaba en encontrar aquí aquello que tanto anhelaba para mí.

Y me equivoqué. Esta primera visita a la escuela fue la que realmente provocó un cambio en mi vida. No solo fue que Nepal viniera a mí, muchas emociones, sentimientos, verdad, paz....   Y no había que ir a buscarlos a ningún lugar, todo estaba dentro de mí.

De esto hace ahora seis años.

En la misma época conocí a un chico. En mis anteriores relaciones de pareja todo funcionaba aparentemente bien, nos contábamos lo que queríamos oír el uno al otro, pero una relación sobre mentira, antes o después, acaba cayendo si lo que buscas es amor de verdad. En la escuela estoy aprendiendo a ver al otro y no solo mi ombligo. A respetar de verdad a mi compañero y hablarle con más verdad y amor. El mes que viene hará seis años que compartimos nuestra vida.

Estoy aprendiendo a saber de verdad, cómo me muevo en mis relaciones con otras personas. A querer a mi familia de sangre no porque deba hacerlo si no desde el corazón. En el trabajo, a ponerme en los zapatos del otro y saber que mi verdad no es la VERDAD.

A que en mi vida hay juicio, crítica, prepotencia, lujuria, hipocresía…. y que quiero trabajar sobre ello para que no me haga mal y no hacerlo a los demás.

Ahora sé que no soy lo que me cuento, si no también lo que no me cuento. Quiero ver mi sombra y aprender a colocarme en mi sitio, no sólo en que el queda mejor para la foto. En la escuela puedo aprender a verme mi totalidad.

Soy la hija obediente, amiga confidente, estudiante aplicada, profesional cumplidora, la buena hermana…. y también soy una mujer que juzga en la primera impresión, se auto-engaña para contarse las cosas como quiere que sean, que busca el reconocimiento, que justifica sus acciones para que la responsabilidad recaiga sobre otros y que tiene una gran dosis de importancia personal…. todo eso…. Soy yo.

Hasta el momento que crucé la puerta de la escuela, mi mundo era solo mi cabeza: fantasía, todo mental. Por supuesto que sabía que tenía un cuerpo, era el sostén de la cabeza. Ahora quiero conocerle, prestarle atención, escucharle…. él me grita lo que no me quiero contar. Esto y la práctica de chi kung semanal que realizo en la escuela, ha hecho que en este tiempo mi cuerpo haya cambiado, ahora soy más flexible y me siento mucho más ligera.

Desde que comencé en este camino he ganado seguridad en mí porque estoy aprendiendo a conocerme y no tener tanta fantasía sobre quien debo ser, sobre ese personaje que los demás esperan de mí  y sobre el cual yo respondo de forma automática. Porque no quiero alimentar a mi ego en detrimento de mi alma.

Y cuanto más me conozco, mayor claridad pongo en vida y en mis relaciones personales. Cambio la palabra Puedo por Quiero. He aprendido que lo importante no es lo que se hace si no la intención que hay en lo que se hace.

Todo este aprendizaje me procura una estabilidad emocional, física… que antes no había conseguido. Siento que de la mano de Itziar, mi vida se sostiene y equilibra. Esta escuela me ayuda a saber que cuando caigo en la misma piedra tengo la oportunidad de aprender y que puedo hacer otra cosa.

Hoy no quiero vivir en este mundo de locura sin esta escuela. Y señalo “esta” porque sé que hay otras, venden una aparente felicidad pero no se profundiza sobre la verdad, sobre el contacto, sobre la energía que nos mueve… es una compra de egos donde te dicen lo que quieres oír y te tranquiliza pero esto solo ayuda en el momento y luego???  En mi experiencia y en el compartir con otras personas cuya búsqueda interior es la brújula de su vida, quiero decir que no hay otra similar a la escuela Aquí y Ahora.

Para mí, es el espacio en el que puedo entrar en contacto conmigo y por tanto ser YO. El lugar donde no tengo que interpretar ningún personaje, donde sé que no me van a juzgar, no hay reproches, crítica, rencor… donde me siento recogida en mis caídas, rescatada cuando mi ego quiere ganar a mi alma. Donde he sentido y siento verdadero AMOR.

Nunca en la mejor de mis fantasías pude imaginar que existiera un lugar así.

Porque la vida me dio la oportunidad de llegar a ella doy las gracias y me siento una persona afortunada.

En esta escuela encontré mi guía: Itziar, maestro: José Carlos y una familia en mis compañeros.

Por fin, encontré el camino que me lleva de vuelta a casa.

Quiero vivir AQUÍ Y AHORA.

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