Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Cuando llegué a la Escuela- B. Villaverde

Pedir ayuda abiertamente no era mi  fuerte, así que llegué a la terapia a través de un proceso de formación en Gestalt. Empecé a tomar sesiones individuales con José Carlos Alvero. Después, por sugerencia suya, entré en el grupo de los miércoles. Y ahí empezó mi camino en la Escuela Aquí y Ahora. De eso hace ya 14 o 15 años.

Cuando llegué a la Escuela tenía alrededor de treinta años. Me sentía solo, me quejaba de mi vida, tenía la impresión de que nada cuajaba (ni relaciones, ni trabajos…), tonteaba como un adolescente y me refugiaba en mis amigos, mis hermanas, mis padres, el futbol, el sexo y en todo aquello que me distrajera de mi mismo. Pero sentía un fondo de amargura y de vacío que no llenaba.

La sexualidad era algo muy importante para mí. En ella se citaban el placer y el complejo… y una sensación de insatisfacción. Todavía sentía que no había superado la ruptura con mi antigua novia y me sentía víctima, aunque había hecho el tonto bastante en cada relación.

Sexo y amor estaban confundidos, ¡tanto! Y yo no me quedaba en ninguna relación. Tan pronto como “conseguía” una mujer comenzaba a verle faltas, a mirarla con lupa, compararla con otras posibles y a sentirme infeliz. Al fin, claro, o se iban ellas (la mayor parte de las veces), o me iba yo.

En lo laboral la cosa tenía cierto parecido. En todos mis trabajos me sentía inseguro e insatisfecho. Ya fuese haciendo fotos, montando lavadoras, contratando proveedores o haciendo terapia. En el fondo sentía que no valía, que lo que yo pudiese dar no era bueno. Solía estar pendiente y agobiado por mi actuación.

Cuando llegué a la Escuela no comprendía. ¿Qué fallaba en mí? ¿Por qué nada resultaba?

Buscaba una princesa. Alguien que me rescatase de mí mismo y con quien sentirme por fin válido y parte. Claro que esto nunca había funcionado. Era otro cuento para tapar el vacío, la tristeza y la soledad.

Y detrás de esto buscaba ser feliz. Me recuerdo desde niños viendo pasar las estrellas fugaces y pidiendo “quiero ser feliz”.

Uno de mis personajes solía pensar que no tenía mucho que ofrecer. A veces podía salir de ahí creyéndome muy bueno, muy guapo o atractivo, también podía criticar, para simplemente colocarme por encima de los demás. Pero nada de esto se sustentaba y por dentro, era un infeliz.

En la Escuela he crecido.

Me recuerdo, diciendo al grupo que quería dejar de ser un “buen hijo” y ser “un buen padre”. Bueno, padre soy. Y sigo viendo mis errores con la intención de cambiarlos.

En la Escuela he recibido Verdad. Una y otra vez. Y apoyo.

Capa tras capa, ha ido saliendo todo aquello con que he tapado mis angustias, los personajes a los que durante años he dado de comer y que tanto daño me han hecho –a mí y a aquellos con quienes comparto vida-. He sido animado a observar y airear todo lo que me apartaba del corazón –y lo que sigue haciéndolo-. Y siempre he  encontrado el amor y la guía de Itziar –como todo el que se acerca a ella-. Itziar que es el alma de esta Escuela.

Bajo la supervisión de Itziar y José Carlos empecé a trabajar como terapeuta. Y todo lo que puedo dar en mi práctica se asienta en lo que recibo aquí.

Aquí encontré a mi compañera actual, con la que continúo compartiendo camino gracias al trabajo que hacemos en la Escuela Aquí y Ahora.

En la Escuela he aprendido a poner disciplina en la práctica de la meditación y gracias a Itziar las tradiciones sagradas empiezan a ser sagradas para mí.

Todo esto ha cambiado de hecho mi vida. Y lo sigue haciendo.

Bienvenido.

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