Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

entré en contacto- Marta del Pino

Entré en contacto con la Escuela Aquí y Ahora en el año 2001, en un Taller de Pareja Interna y Sexualidad. Tema conflictivo en mi vida.

Me había separado del padre de mi hijo un año y medio atrás, había pasado por alguna relación más y, en ese momento, tenía un presunto novio tunecino, que resultó (me enteré más tarde) un hombre casado, padre de cuatro hijos.

 En fin, dando tumbos.

Andaba bastante atrapada en el movimiento de seducir a todo el mundo,  obsesionada por tener pareja, gastando mucha energía en ser lo que los demás esperaban de mí  (familia,  amistades,  novios,  pacientes,…). Y, lo más importante, contándome a mí misma una historia muy diferente.

Soy psicóloga y había pasado por varios terapeutas y escuelas. Todos me sirvieron y me ayudaron a caminar por la vida, de diferentes maneras. Había llegado  al sitio adecuado para roer el hueso del autoengaño.

No quería  reconocer que era adicta a llamar la atención. O que, en lo más hondo, sentía y, todavía algunas veces hoy, un miedo atroz a encontrarme con otro ser humano, desde que era niña.

Han caído y siguen cayendo mentiras,  personajes y  construcciones mentales. No me resulta agradable darme cuenta de que me estoy mintiendo, pero ver  la verdad me abre un espacio en el pecho y me siento más libre.

En un taller conocí a Bienve, mi pareja. Sé que no estaríamos juntos si no es por el acompañamiento de la escuela. Aquí han nacido y crecen nuestras hijas, con la guía de Itziar y José Carlos. Ahora veo a mi hijo formándose como terapeuta y, después de 21 años, a veces hasta le veo, más allá de mi ombligo.

Son muchas vivencias. Dolor, risas, bloqueo, momentos de verdadera alegría, rabia, aislamiento, reconciliación,… Si algo siento claro  es que aquí he encontrado Vida. Y no me refiero a excitación o ilusión. Me refiero a la vida que da estar con lo que pasa de verdad, sea bonito, feo, dañino,  beneficioso o incalificable.

Itziar Torrecilla es la persona que profundamente me ha trasmitido y me trasmite lo que significa la terapia, en la experiencia del contacto; a veces brisa, a veces trueno, me permite experimentar el amor;  me ayuda a tirar uno tras otro los velos del autoengaño y me muestra a cada paso lo que es vivir con la verdad por delante. Gracias de todo corazón.

He visto, repetidas veces, cómo su compromiso con la verdad le ha hecho ser blanco de la crítica y la incomodidad de todos los que preferimos engañarnos y vivir de la imagen que  hemos construido de nosotros mismos.

Hoy, cada vez que me pongo delante de un paciente, siento que es una tarea sagrada.

Gracias por hacerme sentir una y otra vez que,  en el siguiente paso, puedo hacer algo diferente, si Dios quiere.

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