Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Mi vida era vacío...- Adela Martínez

Mi vida era vacío y culpabilidad.  Había hecho todas las cosas que mi familia esperaba de mí, cumplía todas las expectativas de esta sociedad a la perfección, todo estaba bajo control... pero yo me sentía desorientada y la mayor parte de mi tiempo me invadía una sensación que yo llamaba aburrimiento.  De tanto esforzarme por ser lo que tenía que ser, no había espacio para estar viva, para ser espontánea, para disfrutar.

Vine a terapia buscando alivio. Tenía muy claro que la vida no podía ser esto.

No  lo hacía porque estuviera loca, no tenía ninguna enfermedad, todo iba perfectamente: tenía marido, hijas, trabajo, chalet; los cuatro abuelos estaban encantados con la pareja perfecta; amigos, compañeros y conocidos tenían buena opinión de nosotros...  Sin embargo yo vivía con un sentimiento de desasosiego y malestar constante que ni siquiera sabía a qué achacar. 

Había viajado, había tenido éxito, había hecho terapia, me había dado caprichos, y nada me ayudaba a llenar ese vacío. Por una combinación de ‘coincidencias’ conocí a Itziar y en el trabajo de terapia encontré lo que anhelaba. Mi vida hasta entonces me había parecido hueca, mecánica y sin sentido, mientras que el trabajo que hacíamos en la Escuela estaba lleno de vitalidad y oportunidades.  No necesitaba fingir que yo era lo que otros esperaban de mí, sino que podía mostrar lo que realmente me atenazaba dentro, y todo tenía cabida, desde las dudas y los malestares, hasta la alegría y el afecto.  No necesitaba seguir siendo el robot que siempre había sido.

Por todo ello, supe que ese era el camino que quería recorrer y que esto era lo que llevaba tanto tiempo buscando.  Me arriesgué, porque al principio mi marido, aunque aceptaba que si a mí me hacía bien, siguiera con este trabajo, él no quería dejarse tocar por nada de lo que yo estaba descubriendo.  Fue duro. Poco a poco fuimos encontrando opciones y finalmente él también se involucró.  Con el tiempo fuimos participando en talleres de pareja, de familia, y todo ello tuvo un efecto poderoso en todos nosotros.

Si me paro a ver qué es lo que más me ha llegado del trabajo en la Escuela, tengo claro que no es nada de lo que yo hubiese dicho que buscaba antes de estar en ella.  El trabajo de terapia no me ha llevado en la dirección de funcionar más adecuadamente en lo que se espera de mí, ¡eso ya lo había conseguido por mí misma!  Por el contrario, me ha ayudado a ver qué hay realmente dentro de mí, y ver que mi vida me asfixiaba: ya no  podía mantener mi actitud de separación egocéntrica y defensiva, no podía seguir mirando sólo mi propio punto de vista, controlando sin cesar, manipulando y siendo manipulada, relacionándome desde la falsedad, sin darme cuenta de lo que está ocurriendo por debajo de lo que vemos.

Trabajar con Itziar es un baño de transparencia y verdad.  Al escucharle, todo se hace evidente y es sencillo. Una vez tras otra me encuentro preguntándome: ‘¿Cómo es posible que yo no lo estuviera viendo así?’  Los intereses se hacen patentes, me doy cuenta de que la compra-venta es lo que ha dirigido siempre mis relaciones, y me resulta palpable el daño que eso nos hace a todos.  Con cada encuentro y cada oportunidad de trabajo, me resulta evidente que lo que he yo he llamado amor es una pobre imitación de lo que verdaderamente es el amor.  Lo que hacemos cuando hablamos de amor se trata más de un intercambio de intereses y necesidades que de una posibilidad de contacto real, de compartir verdad y cuidado.  Eso es lo que veo ocurrir cuando Itziar se relaciona con alguien, y lo que buscamos sembrar y dejar crecer dentro de cada uno de nosotros con el trabajo en la Escuela.

Después de catorce años de explorarme en terapia, de participar en talleres y grupos,  de hacer la formación de terapeuta y de trabajar el Chi Kung, soy diferente a cuando llegué.  No vivo con la misma urgencia, crispación, irritabilidad y malestar que tenía antes.  Y veo con más claridad qué me frena y qué me daña en el día a día.  Aunque verlo no siempre es agradable, siempre es agradecido, porque puedo hacer algo al respecto.  Si niego envidia, juicios, competencia, seducción, ¿qué puedo hacer para salir del malestar que me crean?  He dejado de sentirme víctima de acciones de otros para asumir que creo mi actitud y mi reacción a lo que ocurre.  Y por eso mismo, tengo elección.  No todas las elecciones que hago son las que querría, queda trabajo por hacer.  Y ahí sigo, aprendiendo y avanzando para poner más verdad en mi vida y dar más amor en lo que hago, confiando en que se amplíe todo lo posible.

Este espacio es una isla de luz en un mar de desorden y desconcierto. Agradezco a Itziar su paciencia, total implicación, generosidad y firmeza para guiarnos en este viaje.  Agradezco el trabajo de terapeutas de Itziar y José Carlos, que nos permite esta búsqueda.  Agradezco a todos los compañeros la implicación y la voluntad de compartir para que todos aprendamos y avancemos.  Agradezco a la vida esta oportunidad de crecer.  Y confío en que haya muchas más oportunidades y que todo el que busque pueda encontrar, como yo he encontrado, guía y cuidado, verdad y amor, claridad y luz.

Está aquí: Inicio - VIVENCIAS DE ALUMNOS - Mi vida era vacío...- Adela Martínez