Aquí y Ahora Escuela de Integración Psico-Corporal Emocional y Espiritual

Mi experiencia por David F.

¿Para qué vine a la escuela?
En aquel momento mis razones para entrar en la escuela fueron dos:

  1. Recuperar la relación con mi pareja, que era alumna de la escuela, y que había decidido dejarme. Yo me contaba que la quería.
  2. El vacío interior que sentía y que cuando estaba con ella era menos.

¿Qué me encontré?
Me encontré que las razones por las que quise entrar en la escuela no eran ciertas, la realidad era otra:

  1. Yo lo que quería era seguir follándome a mi pareja y a todas las mujeres en ella (las que veía en la calle, las que me imaginaba…). No la quería.
  2. El vacío que sentía no lo puede llenar nadie.

Esta no fue la conclusión de la primera terapia  de pareja a la que acudimos con Itziar y José Carlos. Después de esa sesión comencé un proceso de terapia individual con Itziar, gracias al cual he podido reconocer esos dos hechos y muchas facetas de mi mismo que no reconocía. El proceso no ha sido rápido ni fácil, fundamentalmente por mis resistencias, pero el tesón de mis terapeutas es grande.
El David que llegó a terapia era un “señor escondido”, un viejo prematuro y un rancio. Vivía desconectado de mis sensaciones, de mis emociones y de mi cuerpo. La desconexión era tal que hay partes de mi vida que no puedo recordar. Sin embargo, de cara a los demás era una persona aparentemente cabal, bien adaptada a la locura colectiva de la sociedad en la que vivimos, que tenía un trabajo y una vida familiar y social muy “normales”. Lo que encontré gracias a la terapia es toda la anormalidad y enfermedad que había detrás de esa vida tan “normal”:

  1. Bien pasada la treintena seguía en casa de mis padres, “casado” con mi madre y mi hermana, y esperando recibir la herencia de mi padre a la que estaba totalmente vendido.
  2. Estaba completamente desconectado de mis sensaciones y emociones. A todo esto ayudaban los excesos con la comida, el tabaco, el sexo y la pornografía, la televisión y otros muchos entretenimientos con los que las personas “normales” secan su corazón.
  3. Vivía dominado por la lujuria. Pasaba todo el día pensando en meterla, ya fuese física o energéticamente, era un adicto. El intercambio de energía sexual con otras personas era constante, por lo que distinguir lo propio de lo ajeno era imposible. Todo ese barullo de energías era el que se encontraba mi pareja cuando yo llegaba a casa. Y yo me encontraba con el suyo. Y cuando nos acostábamos no sabíamos en realidad quiénes éramos, y convertíamos algo que puede ser sagrado en un placer vacío.
  4. Era una persona prepotente que juzgaba duramente a los demás, por lo que me sentía constantemente inferior y poco válido.
  5. Sentía envidia de los demás, de sus logros y posesiones, lo que generaba en mi sentimientos destructivos. A nadie le podía ir mejor que a mi.

¿Qué hago ahora?
Todo eso que me encontré, y de lo que hablo en pasado, en realidad sigue muy presente en mí. Son mis errores, y como dice el lema de esta escuela, son mis maestros. Para mi el trabajo que se hace en esta escuela es ayudarnos a sacar el brillo que esconden todos esos errores y que está en nosotros. Ese brillo que Itziar ve y que a mi me cuesta, o no quiero ver, porque conlleva una responsabilidad.

Todo ha cambiado desde que empecé la terapia y a la vez, todo es lo mismo. Estoy arando mi campo una y otra vez, y voy sacando pedruscos. A veces los pedruscos son muy grandes y me encuentro atascado, pero Itziar, José Carlos y el grupo  están ahí. Son mi Familia y no me siento solo. Despiertan en mí la Alegría, la Esperanza y la Fe. Gracias a todas estas personas he sido capaz de sentir Amor desde la Verdad, y he recibido mucho más de lo que he dado.

He podido sentir lo que es amar a mi mujer, un poco, cuidando mi energía y desde el respeto y el cuidado. Y ella me quiere cada vez más, no desde la satisfacción de mis apetitos sino señalándome dónde fallo, tarea que muchas veces no le agradezco lo suficiente y que me hace estar más centrado y ser más real.

En la escuela nos enseñan a cuidar de la niña que hemos traído al mundo, cuidados que consisten básicamente en dejarla ser ella misma, no meternos en su energía y darle verdad y cariño sin condiciones. Algo que parece obvio pero que es difícil de encontrar en la sociedad actual donde los niños son una propiedad más, cuando no una mercancía o una herramienta. Y desde aquí me están enseñando a honrar a mis padres, a través del respeto y el agradecimiento sincero, sin juicios, siendo yo mismo, viviendo mi vida, rompiendo con los roles establecidos generación tras generación y sin caer en la compraventa de las herencias.

Todavía no se muy bien quién soy, a qué he venido a este mundo, ni cuál es mi misión. Mientras tanto procuro ser mejor persona, amar un poco a los que me rodean (o por lo menos no hacerles mal), y andar el camino que me toca.

Y agradezco mucho estar en esta escuela, que es la guía en el camino, y a mis compañeros que generosamente comparten la risa y el llanto, la vida.

David F.

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